Es
una nueva manera de aprehender las diferentes causas de las
enfermedades, de las alteraciones del comportamiento y del malestar
general. De como la problemática psíquica se convierte en
síntomas según modalidades que progresivamente la investigación clínica
permite poner de manifiesto.
Sus especificidades están en el análisis de la Historia de la persona:La decisión: ¿aceptas el desafío de perdonar?
Te propongo un desafío. Acércate al perdón. Para empezar, simplemente
acompáñame en una serie de artículos que pueden aportarte otro sentido al
concepto del perdón. Algo más completo, moderno y actualizado de lo habitual. A
la vez, nada que se aleje de la sabiduría espiritual milenaria.
Perdonar es sanar. El
perdón es el medio de autorrealización y crecimiento interior más poderoso que
existe, ya que perdonar significa sanar. Las personas me suelen decir que mi
trabajo está especializado en un campo difícil. Trabajo el perdón con personas
que buscan abandonar el sufrimiento y con personas que desean una visión
superior.
La lógica del síntoma
¡Pretender que un síntoma sea lógico puede parecer una locura! Sin embargo, a menudo es la consecuencia indeseable de un mecanismo natural de supervivencia y de adaptación a la presión del medio tan antiguo como la vida misma.
Coherencia cardíaca: con el corazón en la mano
La visión holística del conocimiento nos presenta el corazón
como un centro de energía inteligente en nuestro organismo. La ciencia
ha podido constatar experimentalmente que existe una inteligencia del
corazón de gran influencia en el equilibrio humano; no en vano, el campo
electromagnético que genera es 5000 veces más intenso que el campo
cerebral.
En el lenguaje cotidiano utilizamos numerosas expresiones que hacen referencia al corazón: “con el corazón en la mano”, “haz caso a tu corazón”, “pon el corazón en todo lo que hagas”, “tiene un gran corazón”, y podríamos enumerar muchas más…
En el lenguaje cotidiano utilizamos numerosas expresiones que hacen referencia al corazón: “con el corazón en la mano”, “haz caso a tu corazón”, “pon el corazón en todo lo que hagas”, “tiene un gran corazón”, y podríamos enumerar muchas más…
Las llaves del Amor
En un oculto y misterioso plano de existencia Universal, hallábanse reunidas todas las fuerzas creadoras de los mundos, dispuestas a dar lugar a la creación del hombre en un lejano y hermoso planeta azul.
Como quiera que estos dioses tenían un gran sentido del humor, decidieron gastar una enorme broma al ser humano: La broma más importante de la creación. Para lo cual decidieron reunirse y determinar, nada más y nada menos, que el dónde esconder las llaves del amor y la felicidad.
Relaciones sanas y conscientes
En mi práctica clínica, percibo que la gran mayoría de los problemas físicos, se producen por conflictos en nuestras relaciones, por la pérdida de identidad... por la falta del conocimiento de nosotros mismos. Por todo ello, es imprescindible establecer una madurez emocional que favorezca la toma de contacto con nuestro interior, y actuar de forma equilibrada con las personas que nos rodean. Teniendo en cuenta que el cambio verdadero debe producirse en nuestro interior.
El mundo es como una pizarra en blanco
Te propongo el siguiente ejercicio: Imagina que todo lo que ves es como una pizarra en blanco, no proyectes tus juicios, borra lo que has escrito en ella y deja que surja de tu voz interior una nueva mirada, libre de culpas, de rencores y de expectativas. De esta forma sentirás una liberación interior, necesaria para la sanación.
Concepción Melero.
Concepción Melero.
La parte contiene el todo
Una célula de nuestro cuerpo es una individualidad de tal magnitud, que de ella sola puede nacer un cuerpo entero, poseedor de otros seiscientos mil billones de células vecinas. Es decir, posee en sí misma la información de
la totalidad. Esta es una de las maravillas de la Naturaleza.
La Biología de la Creencia
¿Cómo es posible que las funciones fisiológicas del cuerpo se modifiquen debido a nuestras creencias?...
Las preocupaciones de los hombres y la enfermedad pública según Platón
"Sobre las tres cosas que acaparan todas las preocupaciones de los hombres, la del dinero no es más que la tercera y última, y eso suponiendo que se trate de una solicitud lícita; es el cuidado del cuerpo el que ocupa el lugar intermedio, mientras que al alma le corresponde la primera de estas preocupaciones.
En nuestro caso actual, en especial, si la constitución que nosotros vamos a describir clasifica los valores en este mismo orden, será buena; pero si alguna de las leyes que se contiene en ella, concede manifiestamente en la ciudad una categoría de mayor estima a la Salud que a la Moderación, o bien a la Riqueza más que a la Salud, o a la Vida Temperante, se reconocerá, sin ninguna duda, que la clasificación de esta ley es defectuosa".
Platón, Las Leyes 743d-744a
La enfermedad pública, la injusticia, son reflejos de la enfermedad individual y del hombre injusto:
"¿Y qué otro mejor testimonio podrá aducirse de la mala y vergonzosa educación en una ciudad, que la necesidad de médicos y jueces hábiles, y no solo por la gente baja y artesana, sino también por los que han recibido una formación de hombres libres? ¿O no te parece vergonzoso e indudable prueba de ineducación el verse obligado a recurrir a la justicia ajena por falta de la propia, con lo cual se convierte a los demás en señores y jueces del derecho?
Platón, La República 405a-405b
En nuestro caso actual, en especial, si la constitución que nosotros vamos a describir clasifica los valores en este mismo orden, será buena; pero si alguna de las leyes que se contiene en ella, concede manifiestamente en la ciudad una categoría de mayor estima a la Salud que a la Moderación, o bien a la Riqueza más que a la Salud, o a la Vida Temperante, se reconocerá, sin ninguna duda, que la clasificación de esta ley es defectuosa".
Platón, Las Leyes 743d-744a
La enfermedad pública, la injusticia, son reflejos de la enfermedad individual y del hombre injusto:
"¿Y qué otro mejor testimonio podrá aducirse de la mala y vergonzosa educación en una ciudad, que la necesidad de médicos y jueces hábiles, y no solo por la gente baja y artesana, sino también por los que han recibido una formación de hombres libres? ¿O no te parece vergonzoso e indudable prueba de ineducación el verse obligado a recurrir a la justicia ajena por falta de la propia, con lo cual se convierte a los demás en señores y jueces del derecho?
Platón, La República 405a-405b
Nguyen Van Nghi, presidente de la Asociación Mundial de Acupuntura.
Figura eminente de la acupuntura en el siglo XX, el médico
vietnamita Nguyen Van Nghi creía que todas las culturas eran patrimonio
de los seres humanos. Y persuadía a su interlocutor de ello.
Murió en el año 1999 en Marsella a los 90 años. Era vietnamita, pero terminó Medicina en Francia, donde introdujo la acupuntura; y en el resto de Europa, Canadá y Estados Unidos. Me refiero a la medicina china, la de verdad, que cuenta con más de 3.000 años de experiencia científica y humana. No he olvidado nunca a Nguyen Van Nghi, presidente de la Asociación Mundial de Acupuntura.
Eduardo, tu corazón está mal; tus bronquios silban, y será por algo; tus intestinos soportan, mal que bien, una úlcera por culpa de tu estrés; tienes piedras en el riñón. Así concluyó su discurso sosegado de sabio. "¿Hay algo que me funcione?", le pregunté medio en broma, medio en serio. El cerebro, replicó, "sólo el cerebro".
Nos dejó en 1999, pero no me he enterado hasta ahora. ¿Qué estaría haciendo yo todo este tiempo para no seguir la vida del sabio más humano que he conocido? Sí, me acuerdo de él todos los años, muchos meses y multitud de instantes. Cuando nos encontramos, él ya era un sabio octogenario.
Que era sabio lo reconocía la propia comunidad científica occidental. Sabía tanto como ella, pero, además, era el mejor del mundo en medicina china y, particularmente, en la aplicación de la acupuntura. Tuve la suerte de experimentarlo por mí mismo. En nuestra larga conversación de un día entero le mencioné que en mi familia -en algunos miembros y en casi todas las generaciones- el corazón iba a su bola. Con la acupuntura te puedo suprimir la fibrilación cardiaca, me dijo con un afecto y empatía que me desarmó. Doctor, eso es imposible. En Occidente todos tomamos digoxina para regular el músculo cardiaco, y la fibrilación paroxística persiste a pesar de ello hasta que, con la edad, se hace permanente y apenas la notas. Aunque los médicos sigáis diciendo que el corazón se agranda y los ictus son más probables.
Ni corto ni perezoso, me extendió en una camilla y me punzó con una serie de agujas durante un buen rato. Habrá médicos que no me tomarán en serio y, aunque soy muy consciente de que la memoria es extremadamente imprecisa, me pueden creer si les digo que -por primera vez en mi vida- supe lo que era un corazón acompasado con el ritmo del universo.
No te olvido, Nguyen. A pesar de que también tenías razón al recordarme que, sin tu compañía, la arritmia volvería a sus andadas en dos días, como así fue. Lo extraño es que el mundo supuestamente civilizado no hubiera utilizado el carisma de Nguyen Van Nghi para resolver los problemas incurables debidos a la ignorancia y odio recíprocos: el problema palestino, los nacionalismos e imperialismos del Cáucaso, los enfrentamientos generados en torno y a causa del islam. El modesto médico vietnamita era muy consciente de que un día la medicina sería realmente universal, porque aprovecharía lo que Occidente y Oriente tenían en común: que cada cambio en la materia se debe a un cambio en el estado de la energía. O que esta última, en su forma defensiva, desempeña un papel similar a la inmunología.
Lo fascinante de Nguyen Van Nghi era la espontaneidad con que podía transmitir la certidumbre de que otras culturas, surgidas en entornos dispares y nutridas por civilizaciones distintas, eran igualmente tuyas y mías. De paso, él era consciente también de que o bien la ciencia acababa irrumpiendo en la cultura popular, o bien no llegaría ni a ser ciencia ni cultura. Podía desmenuzarte la sabiduría de maestros antiguos e interesarse, al mismo tiempo, por los latidos desacompasados del corazón de su vecino.
Eduardo Punset, divulgador científico
Murió en el año 1999 en Marsella a los 90 años. Era vietnamita, pero terminó Medicina en Francia, donde introdujo la acupuntura; y en el resto de Europa, Canadá y Estados Unidos. Me refiero a la medicina china, la de verdad, que cuenta con más de 3.000 años de experiencia científica y humana. No he olvidado nunca a Nguyen Van Nghi, presidente de la Asociación Mundial de Acupuntura.
Eduardo, tu corazón está mal; tus bronquios silban, y será por algo; tus intestinos soportan, mal que bien, una úlcera por culpa de tu estrés; tienes piedras en el riñón. Así concluyó su discurso sosegado de sabio. "¿Hay algo que me funcione?", le pregunté medio en broma, medio en serio. El cerebro, replicó, "sólo el cerebro".
Nos dejó en 1999, pero no me he enterado hasta ahora. ¿Qué estaría haciendo yo todo este tiempo para no seguir la vida del sabio más humano que he conocido? Sí, me acuerdo de él todos los años, muchos meses y multitud de instantes. Cuando nos encontramos, él ya era un sabio octogenario.
Que era sabio lo reconocía la propia comunidad científica occidental. Sabía tanto como ella, pero, además, era el mejor del mundo en medicina china y, particularmente, en la aplicación de la acupuntura. Tuve la suerte de experimentarlo por mí mismo. En nuestra larga conversación de un día entero le mencioné que en mi familia -en algunos miembros y en casi todas las generaciones- el corazón iba a su bola. Con la acupuntura te puedo suprimir la fibrilación cardiaca, me dijo con un afecto y empatía que me desarmó. Doctor, eso es imposible. En Occidente todos tomamos digoxina para regular el músculo cardiaco, y la fibrilación paroxística persiste a pesar de ello hasta que, con la edad, se hace permanente y apenas la notas. Aunque los médicos sigáis diciendo que el corazón se agranda y los ictus son más probables.
Ni corto ni perezoso, me extendió en una camilla y me punzó con una serie de agujas durante un buen rato. Habrá médicos que no me tomarán en serio y, aunque soy muy consciente de que la memoria es extremadamente imprecisa, me pueden creer si les digo que -por primera vez en mi vida- supe lo que era un corazón acompasado con el ritmo del universo.
No te olvido, Nguyen. A pesar de que también tenías razón al recordarme que, sin tu compañía, la arritmia volvería a sus andadas en dos días, como así fue. Lo extraño es que el mundo supuestamente civilizado no hubiera utilizado el carisma de Nguyen Van Nghi para resolver los problemas incurables debidos a la ignorancia y odio recíprocos: el problema palestino, los nacionalismos e imperialismos del Cáucaso, los enfrentamientos generados en torno y a causa del islam. El modesto médico vietnamita era muy consciente de que un día la medicina sería realmente universal, porque aprovecharía lo que Occidente y Oriente tenían en común: que cada cambio en la materia se debe a un cambio en el estado de la energía. O que esta última, en su forma defensiva, desempeña un papel similar a la inmunología.
Lo fascinante de Nguyen Van Nghi era la espontaneidad con que podía transmitir la certidumbre de que otras culturas, surgidas en entornos dispares y nutridas por civilizaciones distintas, eran igualmente tuyas y mías. De paso, él era consciente también de que o bien la ciencia acababa irrumpiendo en la cultura popular, o bien no llegaría ni a ser ciencia ni cultura. Podía desmenuzarte la sabiduría de maestros antiguos e interesarse, al mismo tiempo, por los latidos desacompasados del corazón de su vecino.
Eduardo Punset, divulgador científico
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