lunes, 4 de abril de 2016

Conceptos utilizados en Biodescodificación



EL CONFLICTO

Como he comentado anteriormente, la palabra conflicto no sobreentiende, aquí, que haya una disputa o una pelea, sino que hace más bien referencia a un aumento más o menos importante de nuestro nivel de estrés interior a causa de una dualidad consciente o inconsciente.



Por lo general, nuestros conflictos son inducidos por un desajuste entre “querer”, “poder” y “deber”, del tipo “quiero pero no puedo” o “quiero pero no debo”, “no quiero pero debo hacerlo”, etc.; y a veces incluso “quiero pero no quiero” dado que el ser humano es a menudo, como mínimo, complicado.

Si lo ignoras no puedes gestionar su dificultad y el resentimiento continua fermentado, activo.


Con la biodescodificación te puedo ayudar a desactivar las razones profundas y ocultas, el resentir viscera.
 

LA MANIFESTACIÓN
Esta palabra engloba todo aquello que expresamos de un modo u otro: nuestra personalidad, nuestro comportamiento, nuestras decisiones, nuestros hobbies, nuestra profesión, nuestras preferencias, nuestro rendimiento, nuestros éxitos, nuestra empatía, etc.; y nuestros síntomas físicos o psíquicos, nuestras dificultades, nuestros bloqueos, nuestras inhibiciones, nuestros fracasos, nuestra antipatía, etc.

El postulado de la Descodificación dice que una manifestación es siempre la mejor adaptación posible a un conflicto interno y que el cerebro no se equivoca jamás poniendo en marcha una estrategia sin utilidad. Por lo general, estas manifestaciones no generan sufrimiento; pero en ciertos casos son muy dolorosas e incluso peor.

LA ENFERMEDAD
Con esta palabra entiendo el conjunto de manifestaciones que nos complica la existencia: nuestros problemas de salud física, sean graves o leves (disfunciones y/o enfermedades); o de salud psíquica (depresión, psicosis, neurosis, etc.).

LA VIVENCIA
Por lo general, esta palabra designa una vivencia en particular (enfrentamiento, acontecimiento traumatizante, contexto doloroso, etc.) pero también, en un contexto más amplio, toda nuestra historia desde el momento de nuestro nacimiento hasta el instante presente. Esto correspondería al conjunto de nuestras experiencias (positivas y negativas) acumuladas desde entonces en términos de aprendizaje (es decir, de experiencia), de acontecimientos felices o dramáticos, de éxitos, de fracasos, etc. Por supuesto, entre todos estos acontecimientos, entorno a los que nos construimos reaccionando ante ellos, algunos recaen sobre nosotros de forma muy pesada, hasta enfermarnos.

La vivencia es lo primero que debemos resaltar para comprender el origen de la manifestación, ya que es el punto de partida. El acontecimiento normalmente es perfectamente evidente, pero hay casos en los que es mucho más difícil delimitarlo, tanto porque parece ser un detalle insignificante, como porque se ha olvidado.

EL RESENTIR
Es sin duda la palabra más difícil de definir de todas porque pretende retratar justamente aquello que es casi imposible expresar. Según el diccionario, resentir es experimentar vivamente el efecto moral de una causa exterior”: es prácticamente esta definición, pero la palabra moral no corresponde en este caso porque s siente a nivel de las “tripas”, a nivel visceral.

El resentir es el modo inexpresable, visceral, en el que está metabolizada la vivencia, la manera en la que nuestra psique arcaica profunda e inconsciente integra esta vivencia cuando se llega a cierto nivel de estrés. En función de la tonalidad específica del resentir, el cerebro pone en marcha uno u otro programa de adaptación fisiológica, patológica, psíquica o comportamental, con el objetivo de venir en nuestra ayuda.

Acceder a este resentir es extremadamente difícil porque nosotros, Homo sapiens, tenemos la mala costumbre de confundir pensamiento y resentir. Destacamos por analizar un acontecimiento y desgranar todas las consecuencias, pero no sabemos expresar lo que nos ha hecho vivir desde lo más profundo de nosotros mismos. En cualquier caso, el resentir, la emoción visceral es la clave para comprender el origen de una manifestación cuando es conflictual.

EL ESTRÉS
El estrés no es únicamente el malestar de los tiempo modernos que nos pilla en los atascos, sino que desde tiempos remotos está presente en cualquier ser vivo, tanto animal como vegetal. De hecho, arcaicamente, EL ESTRÉS ES SINÓNIMO DE PELIGRO.

El estrés es en primer lugar un mecanismo biológico completamente autónomo que nos pone en alerta frente a un peligro. Pero también es la consecuencia fisiológica del nivel de rendimiento ideal necesario para que el conjunto de funciones orgánicas puedan hacer frente a las adversidades de la mejor de las maneras.

Nuestro cerebro vigila permanentemente, las 24 horas del día, nuestro nivel de estrés interno y puede llegar a intervenir arbitrariamente para que no superemos una intensidad crítica, porque superar el umbral de estrés máximo puede llevarnos a la muerte.

EL CEREBRO ARCAICO
Con esta expresión no pretendo hablar de un área anatómica en particular de nuestro cerebro, sino más bien de todos aquellos reflejos primitivos de supervivencia que hemos heredado de nuestro remoto pasado animal. Al contrario de lo que podamos creer nosotros, Homo sapiens del Siglo XXI, siguen siendo esos viejos reflejos arcaicos los que dirigen cada momento de nuestra vida tanto a nivel biológico como comportamental. De esta manera, enfrentamos las adversidades, reaccionamos en primer lugar de una manera animal antes de recurrir a nuestro pensamiento humano.

LA BIOLOGÍA
Con este término genérico debemos comprender un conjunto de conocimientos muy básicos que, en ciertas disciplinas de las Ciencias Naturales, permiten entender mejor lo que somos desde lo más profundo de nosotros mismos:

La biología en su sentido más amplio para comprender las leyes de la  naturaleza que hacen posible la vida tanto a nivel celular como del individuo mismo. Específicamente, una ley define que en el momento de experimentar una vivencia dramática, es la tonalidad del conflicto arcaico –la emoción visceral- la que determina la localización del foco de estrés a nivel cerebral y, por lo tanto, la localización de la enfermedad a nivel corporal, teniendo en cuenta que esta idea todavía no ha sido validada por la Academia de las Ciencias.

La Anatomía y la Fisiología para entender la utilidad y el funcionamient de cada órgano y sistema, más particularmente del sistema neurovegetativo que rige las funciones autónomas y las reacciones primitivas frente al peligro.

La Anatomo-Fisiopatología para considerar los diferentes procesos patológicos y comprender la lógica, cuando la hay, que no siempre es el caso.

La Zoología para descubrir la infinita diversidad del reino animal y las limitaciones de la vida en el medio natural, cosa que nos puede ayudar a comprender mejor nuestras reacciones y aquellas de nuestro organismo en ciertas circunstancias.


Extraido del libro "La lógica del síntoma", de Laurent Daillie